viernes, 14 de marzo de 2014

Caótica Sinfonía- Capítulo Dos: Frío.


"Dios y sus sacerdotes y sus reyes
Todos esperaban, todos esperaban mientras ellos se acercan
Sostenida entre el cielo y el infierno
Mientras ellos están bailando, mientras ellos bailan una y otra vez...
Dios y sus sacerdotes y sus reyes
A su vez en sus caras, incluso se siente el frío, oh… oh
Lo que se da no puede ser olvidado y nunca abandonado
Lo que se da no puede ser olvidado y nunca abandonado”

-Aqualung & Lucy Schwartz, Cold.

Había algo extrañamente fascinante en los ojos. Expresaban todo sin necesidad alguna de palabras, expresaban todo lo que su dueño sentía sin que este quisiese que lo supieras. Hacía muchos siglos, antes del Apocalipsis, que el color de los ojos era algo hereditario. El más común había sido el café.
Ahora, tus ojos reflejaban tu personalidad, y personalidades café habían muy pocas.
Los ojos de la chica inconsciente que Stan había noqueado eran grises. Grises con tono aguamarina y una extraña capa de luz que sólo podía ser llamada luz de sol sobre ellos. En ese momento, no expresaban nada más que el vacío de la inconsciencia.
Y era culpa de Stan.
Stan hizo una mueca al sentir una punzada de ridícula culpabilidad. Era ridículo, verdaderamente ridículo: sólo había estado siguiendo órdenes. No había razón para arrepentirse. Era su trabajo. Stan había sido educado para convertirse en un arma: mortal y certero, esperando sólo a que un dedo presionase el gatillo para disparar la bala. El dedo pertenecía a Fersmoth, y Fersmoth no podía ser desobedecido.
Jamás.
Por alguna razón, Stan no podía apartar la mirada de la chica. Era joven: quizá de unos dieciséis años. Su cabello era castaño y estaba cortado hasta justo hasta abajo del pecho, ni un centímetro más ni un centímetro menos; y cuando estaba consciente, su rostro mostraba una fiera determinación y rebeldía difícil de encontrar en estos días. Le resultaba extrañamente familiar, como si una profunda parte de su ser le dijese que esta chica era alguien, no sabía quién, pero alguien a quien debería reconocer.
Alguien familiar.
Su rostro le traía a la memoria el recuerdo de un rostro amado, y Stan se obligó a enterrar el recuerdo en las profundidades de su mente, sintiendo un inesperado ramalazo de rencor hacia la chica.
¿Quién era ella para obligarlo a recordarla?
¿Quién, quién?
Ciertamente, ambos rostros eran casi idénticos, si exceptuabas la diferencia de edad. Pero Stan no quería recordarla, oh no. Quería seguir siendo un arma: irrefrenable y manejable y libre de la necesidad de pensar. Libre de los recuerdos.
Era mucho más fácil así.
Siguió observando la mirada gris e inexpresiva de la chica a la que había noqueado y traído a las Tierras Negras. En medio de sus irises grises parecía flotar el recuerdo del ataque: golpes y puñetazos y ondas de choque y mordidas cuando el cansancio había sido demasiado para usar la energía.
El recuerdo flotó cada vez más y más a la superficie, más y más, hasta que en los ojos de la chica fue apareciendo poco a poco una luz, una consciencia…
Stan aplastó con violencia un botón al lado de la camilla.
No quería a la chica consciente.
Todavía no.
Fersmoth sería el que la viese consciente, no él.
Stan observó impasible cómo unas enormes y delgadísimas agujas se clavaban en puntos clave del cuerpo de la chica, sedándola por 24 horas más.
Había vuelto a ser un arma, y se aseguraría de no dejar de serlo por un buen tiempo.


Oh

jueves, 13 de marzo de 2014

Caótica Sinfonía- Capítulo Uno: Histeria.


Me está sosteniendo,
Metamorfoseando
Y forzándome a luchar
A estar eternamente frío dentro
Y soñando que estoy vivo.
Porque lo quiero ahora
Lo quiero ahora
Dame tu corazón y tu alma.
Y no estoy rompiéndome
Estoy escapando
Última oportunidad para perder el control.
Y te quiero ahora
Te quiero ahora
Sentiré mi corazón implosionar
Y estoy escapando
Escapando ahora
Sintiendo mi fe erosionar.
-Hysteria, Muse.

Pasaron muchos años antes que la llave destrozara la jaula en la que vivía Zoe Brook. Años en los que aparentó ser normal, años en los que siguió su vida como si apoyase al Emperador.
Como si no estuviera conspirando en su contra.
Al principio, fue vigilada. Zoe ignoró a los Agentes que la seguían casi imperceptiblemente durante el día a día. Esperando. Esperando a que ella les diera una razón para matarla.
Zoe nunca la dio.
Nunca.
Siguió esperando, planeando, conspirando, hasta que la oportunidad llegó.
El día en que finalmente escapó inició como cualquier otro.
Zoe se levantó, se puso su máscara, su uniforme, y acudió a la Asamblea de ese día. Se reunió con los otros ciudadanos en la plaza, los observó intercambiar quedos y estrictamente formales saludos.
Nadie saludó a Zoe.
Desde el Cambio, Zoe había quedado sola. Y así había seguido, como una loba sin manada. Sola, independiente.
Se paró en el puesto asignado a las chicas huérfanas de dieciséis años y esperó. Como lo había hecho siempre, esperó, calculando. Midiendo su oportunidad.
El Supremo Emperador Mallock avanzó al podio, y la Asamblea comenzó.
-Queridos Ciudadanos, bienvenidos a un nuevo día.-saludó, con una sonrisa seca y fría y calculadora y dominante en su malvado rostro. Tras él estaban parados los Vigilantes, los ojos tras cada cámara de seguridad en las Tierras Blancas, como una deliberada muestra de poder.-Hoy, como saben, es un día muy especial. El aniversario del día en que yo me alcé con el poder y les otorgué una vida a los restos del Apocalipsis. Les otorgué un lugar en el cual vivir: Las Tierras Blancas. Un día histórico como este no debe ser desperdiciado. Como parte de las celebraciones, el trabajo resumirá una hora antes de lo normal y daremos inicio a la Conmemoración.
Zoe podría haber terminado el discurso por simple memoria: era lo mismo cada 11 de noviembre. Siempre lo mismo, siempre.
-“Para recordarles que dependen de mí para vivir en este mundo post-apocalíptico, serán encadenados. Para mostrarles que el poder es algo necesario, atestiguarán como nuestros Agentes los examinan en busca de errores. Para demostrar que la perfección es imperativa, el más mínimo error será castigado.”-arremedó Zoe sin pronunciar nada en realidad, formando las palabras con una mueca burlona.
La mirada de un Agente recayó sobre su amarga sonrisa mientras las palabras de Mallock hacían eco por las calles vacías y pedregosas, entrando y saliendo por los oídos de los ciudadanos. Zoe estaba en medio de la multitud, por tanto, su castigo no llegó en ese momento. Ni después.
En realidad, el castigo fue para Mallock.
Un terrible y brutal golpe a su orgullo en lo que debería haber sido una exhibición deliberada de poder.
En el cuidadamente perfecto reino de Mallock, Zoe Brook era una bomba radiactiva. Radiaba rebeldía, respiraba imperfección. Su espalda lucía incontables marcas de látigo, producidas unas porque su cabello era demasiado largo y otras porque su blanco uniforme ya no era tan blanco.
Ese Día de la Conmemoración, su imperfección fue aterradora. Como siempre, los ciudadanos fueron encadenados a la Plaza mientras grabaciones “reales” sacadas de las partes del mundo que ya no eran civilizadas rugían en sus oídos. Sus ojos estaban vendados, las cadenas los volvían impotentes, y el terror del mundo exterior los dominaba. Si gritaban, eran castigados. Si lloraban, también.
Ese año, Zoe se sentía poderosa y fuerte y finalmente libre. Le daba igual que todavía no hubiese escapado. Se sentía feliz de una manera oscura y casi histérica, y la risa escapó de su boca con un sonido burbujeante que resaltó contra los rugidos de las criaturas en la grabación.
¿Qué sucedía si reías en el Día de la Conmemoración? También eras castigada. El dolor en la espalda de Zoe se sintió morbosamente reconfortante, y cuando la venda de sus ojos fue removida, su mirada brillaba con la histeria de la esperanza, de la loca esperanza que la impulsaba.
No se presentó a la Hoguera, oh no. Ese año no vió cómo los libros encontrados eran quemados, cada diario, cada fotografía, cada muestra de inútil creatividad que los ciudadanos intentaban esconder sin llegar a lograrlo.
Zoe Brook se deslizó entre las masas de gente vestida de blanco y desapareció como un fantasma.

La Muralla era una enorme barrera asquerosamente blanca que encerraba las Tierras Blancas como una cúpula. Era imposible de escalar, imposible de romper, imposible de destruir.
A menos, claro, que tuvieses una llave.
Y Zoe la tenía.
Se sintió tentada a reírse mientras se deslizaba entre las Puertas. La estructura de la Muralla era sencilla: una Puerta que daba a un espacio repleto de trampas, sin cielo abierto, sin gente a la vista, que le daba a quien sea que intentase escapar una esperanza que sería de inmediato aplastada. La Segunda Puerta, si lograbas llegar, era la libertad, y era la Puerta a la que la llave estaba destinada.
La Primera Puerta estaba abierta al público, como una más de las deliberadas demostraciones de poder de Mallock. Zoe la abrió sin necesidad de usar la llave y colocó un escudo de energía a su alrededor. Había robado un arma especialmente para la ocasión, una brillante pistola plateada que estaba ansiosa por utilizar, y que acarició sonriente antes de salir disparada por el Espacio Aparentemente Vacío.
Una ventaja del escudo de energía era que, si eras lo suficientemente rápida, te permitía pasar a través de las trampas antes de siquiera activarlas. Una desventaja, era que cada bala que chocaba contra él le restaba energía al portador, en este caso, Zoe.
Los Agentes apostados en las torres de Vigilancia comenzaron a disparar de inmediato, y Zoe se dio el gusto de responder. Era rápida, muy rápida, y había llegado a la Segunda Puerta con el escudo prácticamente intacto y la llave en mano. Abrió la Puerta, lo que accionó una serie de seguros que fueron rápidamente desbloqueados. Una alarma comenzó a sonar, y gas fue liberado. Zoe se cubrió la nariz y boca con un pedazo de tela, y salió.
No podría recordar todos los detalles de su Gran Escape ni aunque quisiera, pero, antes de siquiera pudiese percatarse, estaba en el medio del gran y desconocido bosque.
Libre.
Era libre.
El bosque era frío y oscuro a su alrededor, y la palabra pasó por la mente de Zoe sin que esta pudiera procesarla. Seguía sola, pero libre.
¿Libre? ¿Libre, en realidad?
El rápido ritmo de su correr fue disminuyendo con el shock de la inesperada libertad a su alcance. Libre, libre, libre. Repitió la palabra en su mente, quiso probar su sabor en la lengua.
-Libre.-respiró, y al sonido jadeante de su voz le siguió una delirante carcajada.-Libre. ¡Libre!
Pronto, esa carcajada se convirtió en un histérico estallido de hilaridad y contento y alivio, y Zoe comenzó a girar y bailar en el bosque.
Había imaginado el gran momento varias veces, pero a la hora de las horas, no fue como lo había esperado.
Fue mejor.
Fue peor.
No tenía nadie con quien compartir su alegría, pero en ese momento no le importó. Los fantasmas de sus seres queridos nunca la dejarían. Rió y rió y rió, escribió la palabra “Mallock” en el suelo con una ramita y escupió en ella, riendo y haciéndole gestos obscenos e insultándole mientras aplastaba el brazalete que la proclamaba como “Ciudadana Número Z01246 de las Tierras Blancas" con la culata de su pistola.
No debería haberse relajado tan pronto.
Debería haber permanecido vigilante.
Pero no lo hizo. Estaba demasiado abrumada por la enormidad de la libertad conseguida.
En medio del campaneante sonido de su propia risa, otra risa destacó. Grave. Ronca. Masculina. Extraña.
La alegría de Zoe se transformó de inmediato en pasado, absorbida por el terror que llegó con la aparición de un hombre con un uniforme negro y una gran pistola colgando de su cadera.
El escudo en su pecho no era el de Mallock, pero eso no supuso ningún alivio.
En el mundo post-apocalíptico que era ahora la Tierra, existían dos Gobernantes. Uno: Mallock. Otro: Fersmoth.
Uno era peor que el otro, lo cual era decir mucho.
Una tonadilla fue lo único que pasó por la mente de Zoe en el medio de su terror helado.
Fersmoth, Fersmoth, vete lejos,
Fersmoth, Fersmoth, de este lugar,
Come niños, come viejos,
Fersmoth, Fersmoth, fuera de acá
De los dos Emperadores, Fersmoth era el sanguinario líder de las Tierras Negras cuya estela de terror llegaba incluso al territorio de su hermano.
El hombre con su escudo en el pecho avanzó, y Zoe fue golpeada con una terrible certeza.
Su libertad había sido un simple préstamo.
Iba a morir.
Pero no iba a morir sola.



Caótica Sinfonía, Parte Uno, Deja que las Llamas Comiencen.- Prólogo: Sólo Una Chispa.


Parte Uno: Deja que las llamas comiencen.
“Qué pena, todos nosotros
Nos hemos vuelto
Semejantes frágiles y rotas cosas
Un recuerdo permanece
Sólo una pequeña chispa.
Daría todo mi oxígeno
Para permitir que las llamas comiencen
Así que deja que las llamas comiencen.
Oh gloria, uhh, Oh gloria.
Así es como nosotros bailaremos
Cuando ellos traten de vencernos
Esto es lo que será, Oh Gloria.”
-Let The Flames Begin, Paramore.

Prólogo: Sólo una Chispa.

Libertad. Sólo era una palabra. Libertad: Estado o condición en el que no se está sujeto a un poder extraño o autoridad. Era sencillamente una palabra, una que hace cientos de años todo ser humano en la Tierra había dado por sentada.
Libertad.
Sentada en el medio de una sala de hospital y aplastada por el peso de una terrible pérdida-una vez más, una vez más-, Zoe Brook se preguntó si alguna vez podría llegar a probarla.
Había creído que sí, que lo haría, que rompería sus cadenas y escaparía junto a su hermano y cuñada, y que juntos se reirían de las desgracias pasadas y harían lo que quisieran y gritarían y bailarían y serían libres.
Pero eso era pasado. Punto. Otro capítulo. Otra vida. Otro futuro.
Otra esperanza.
Un ridículo sueño, eso era todo lo que había sido. Como el sueño de una mariposa atrapada en un frasco, de lograr quebrar a golpes el cristal y volar libre. Zoe había pasado toda su vida encerrada en un frasco, golpeando y golpeando y golpeando, teniendo la ridícula esperanza de que algún día quebraría el cristal y escaparía.
Una amarga risa escapó de su boca. Había creído que lo lograría, había estado segura de ello. Pero nadie podía engañar al Emperador, y ahora su única familia estaba muerta y Zoe estaba sola.
Completamente, terriblemente, sola.
Su corazón se hinchó de odio una vez más, un odio que había empezado como un odio infantil semejante al que le tenías al monstruo debajo de tu cama y había evolucionado hasta convertirse en algo completamente cierto, terrible y profundo y verdadero, como un fuego rugiendo desde su corazón y quemándola entera.
Como un incendio, inició como una chispa y luego arrasó todo a su paso hasta que todo lo que quedó fueron cenizas.
Zoe era ceniza. Una chica de ceniza con sólo una pequeña chispa agonizante como corazón.
Sus ojos siguieron mirando al blanco vacío que la había rodeado desde la captura de Bram, su hermano. Todo lo que tenía. Todo lo que le quedaba.
Y, hace apenas unas horas, todo lo que ya no tenía.
La terrible imagen imaginaria de su hermano colgando de una horca la asaltó de nuevo, y Zoe la expulsó de su mente con una violenta patada.
No podía llorar.
No mientras él la estaba viendo.
El tiempo pasó como arena deslizándose por sus dedos. Lento, rápido, imperceptible. Zoe no sabía cuánto tiempo llevaba sedada, cuánto tiempo hacía desde la muerte de su hermano, cuánto tiempo desde que lo poco que tenía le fue arrebatado. No sabía nada.
Para ella era una era distinta cuando una señora desconocida llegó y la sacudió fuera de su letargo. Zoe no respondió. Siguió mirando al vacío.
-¡Ven!-exclamó la señora, exasperándose rápidamente.-¡Chica, despierta! ¡Eh!-frustrada, lanzó su mano contra la mejilla de Zoe.
El golpe resonó por la habitación blanca y el dolor explotó como esquirlas quebrándose en el rostro de Zoe. La chica parpadeó, saliendo de su ensimismamiento.
En otra era, la cachetada la hubiese enfurecido. Quizá incluso hubiese respondido al golpe.
Pero no en esta era.
Zoe sólo miró a la mujer, su rostro carente de expresión. Como un papel en blanco, esperando ser devuelto a la vida con el toque de una pluma.
-¿Qué?-preguntó, su voz destrozada y ronca como el sonido de un violín con las cuerdas rotas.
-Vamos. Al orfanato.
Ah. El orfanato. Así que ese era el siguiente paso en la ahora vacía vida de Zoe Brook.
Dejó que la mujer la guiara fuera del hospital, mientras se permitía perderse en el fondo de su muerte. Todo lo que veía eran sombras, todo lo que oía eran gritos, y blanco, mucho blanco, demasiado blanco. En las Tierras Blancas, resultaba imposible escapar al blanco.
Ni siquiera prestó atención a su habitación comunitaria cuando la mujer la dejó en ella. Se sentó en ella. Se hizo un ovillo. Intentó olvidar. No pudo.
Los días siguieron pasando sin ningún incentivo para que Zoe saliese de su mente. Vivía como un títere, movida por las cuerdas del Supremo Emperador, despertándose, comiendo, yendo a clase, trabajando, comiendo una vez más y luego durmiendo.
Hasta esa noche.
La noche que marcaría el fin de Zoe la Títere.
El rostro que la despertó estaba lleno de dolor. Agonía. Como la que Zoe sentía en el corazón cada día que se levantaba. El rostro no era un rostro común. Poseía unos bellos y enormes e inocentes ojos azules, piel blanca y estructura delicada, enmarcada por largos mechones dorados.
Zoe salió de su ensimismamiento casi de inmediato, avivada por el reconocimiento.
El rostro pertenecía a Mailanee. Su cuñada. El gran amor de su hermano. Su cómplice en el crimen de intentar escapar.
Alrededor de ellas, todas las huérfanas de la habitación comunitaria estaban profundamente dormidas. Mailanee estaba vestida con el uniforme reglamentario de las Tierras Blancas-un horrendo traje blanco. La miró con vehemencia, sus ojos nadando en agonía y las vetas plateadas en ellos resaltando como para marcar la ausencia de su alma gemela.
-Zoe.-susurró.-Sígueme.
Ella se levantó sin decir palabra. Mailanee la llevó al baño, que cerró con llave tras cerciorarse de que nadie las veía. Metió la mano al escote de su blusa, de donde sacó una larga tira de cuero de la que colgaba un pendiente.
No cualquier pendiente. Una llave, pequeña y delgada y cristalina y marcada con el escudo de Mallock el Supremo Emperador de las Tierras Blancas.
-Ten.-dijo Mailanee, entregándosela.-Escapa. Cumple el sueño.
Esa noche, Zoe dejó de ser cenizas. La chispa de su corazón creció como un incendio, ardiendo con el clamor del odio y el dolor y la venganza.
Gritando libertad.
Como un caos, un caos que se convertía en una sinfonía de determinación y rebeldía.
Escaparía.
Lo haría.
Y no habría cómo evitarlo.


 Key

AVISO DE REESCRITURA

¡Oh hey, queridos lectores!

Sólo quiero dar un aviso.

Debido a las enormes complicaciones que esta historia me trae, voy a reescribirla. Siento que podría haberle sacado mucho más jugo a la idea del que le saqué, así que la voy a reescribir casi por completo. O sea, capítulos editados, trama quizá un poquitín cambiada, un prólogo y cambio de nombre.

El nuevo nombre será "Caótica Sinfonía"; y lo cambié porque Deja Que Las Llamas Comiencen es muy largo y no le queda tanto. Por el momento, admirad la portada, luego subiré el prólogo y el capítulo uno.

Este blog no será borrado, y tampoco las entradas. A partir de hoy cada capítulo relativamente nuevo será etiquetado con la etiqueta "Caótica Sinfonía", que indicará que es la nueva y mejorada versión. Espero les guste, y no olviden comentar ;)


-Pao

jueves, 15 de agosto de 2013

Capítulo Veintiocho

"I love the way that your heart breaks 
With every injustice and deadly fate 
Praying it all be new 
And living like it all depends on you 

Here you are down on your knees again 
Trying to find air to breathe again 
Only surrender will help you now"


-Again, Flyleaf.

Zoe y Zhack se colocaron espalda contra espalda, Chainne y Cydak hicieron lo mismo. Stan se quedó a la delantera, apuntando su pistola al lugar de donde la flecha había salido.

-¿Quién anda ahí?-demandó.

Tal y como esperaba, no hubo respuesta. En vez de eso, se oyó un ruido de movimiento proveniente de las hojas en el árbol a su izquierda. Todos apuntaron sus armas hacia esa dirección, exceptuando a Zoe. Su instinto de supervivencia era muy potente, y en ese momento le decía que no apuntara hacia ahí.

Justo como pensaba que sucedería, una flecha salió disparada en dirección a la cabeza de Cydak, y Zoe la quemó de inmediato. Al percatarse de ello, Zhack lanzó un potente rayo hacia el lugar de donde salió la flecha, quemando un hoyo en el árbol y prendiéndolo en un fuego blanquecino. Se oyó un siseo: la atacante acababa de ver su plan frustrado. Vieron un flash de cabello negro cuando huyó, y Zoe extendió el fuego hacia ella pese al riesgo de crear un incendio forestal. 

De repente un tornado se levantó alrededor del grupo, causando que se apretujaran más unos contra otros debido a la fuerza del viento. Zhack contempló la posibilidad de abrir un camino a través de él usando un rayo, pero pronto la descartó sabiendo que no sería efectivo.

-¿Amigos o enemigos?-se oyó una voz femenina, ligeramente chillona debido al esfuerzo por hacerse escuchar.

-¡Eso depende!-respondió Zoe a gritos.

-¿Con los Emperadores, o la Libertad?-preguntó entonces la atacante.

Cydak apuntó su arco hacia ahí, e iba a disparar hasta que Stan lo detuvo.

-¡Con la Libertad!-respondió.

Inmediatamente, el viento cesó y una cabeza se asomó boca abajo entre el follaje. Era una mujer, alrededor de la edad de Stan, con el pelo negro amarrado en un trenza enrollada alrededor de la cabeza, la piel blanca y unos inverosímiles ojos multicolor. Sonreía ampliamente.

-¡Excelente! Hacía tiempo que no llegaban rebeldes.

Bajó del árbol con gracilidad y le extendió la mano a Stan. Los ojos de ambos brillaron de tal modo al encontrarse, que alertaron a Zoe y Chainne.

-Soy Silah. Silah Meraz, un placer.-dijo la antes-atacante.

-Soy Stan Brook.-se presentó el tío de Zoe, procediendo a presentar a los demás.-Ella es mi sobrina Zoe, ella es Chainne ParaMount, y esos dos son Cydak Hill y Zhack.

Los ojos de Silah se entrecerraron en dirección al último. Sólo los miembros de la Realeza carecían de apellido.

-¿Sólo Zhack? ¿No será... de la Realeza?-su mano se iba acercando más y más a su ballesta con cada palabra.

Percibiendo la amenaza ante el evidente odio de Silah hacia la familia de Zhack, Zoe improvisó.

-Zhack Brook. Estamos casados.-soltó, tomando la mano de su pareja. Zhack trató de no mostrar sorpresa, pero en el interior estaba prácticamente boquiabierto del shock.

Silah no parecía tragársela. Su mirada acusadora pasó de Zhack a Zoe.

-No puedes tener más de dieciséis, niña.-espetó.-¿Por qué estarías casada?

-¿Por qué no habría de estarlo?-ella alzó la barbilla desafiantemente.-Una amiga se casó a los catorce.

Eso, por supuesto, era una reverenda mentira. Zoe nunca había tenido amigos fuera de su familia, pero podía mentir con facilidad.

-Ella dice la verdad.-intervino Stan.

-No mencionaste que ese "Zhack" fuera tu sobrino.-objetó Silah.

-Lo es. Pero no le gusta admitirlo.-Stan forzó una risa burlona bastante creíble.

Aun sin creérsela del todo, pero dispuesta a esperar y ver, Silah asintió con lentitud.

-Muy bien, pues. Si son rebeldes,los llevaré a la Guarida.

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Ya sé lo que pensarán... "O_O ¿Mis ojos me están engañando? ¿Ha actualizado? ¡Al fin!" Créanme, pienso lo mismo. Odio tardarme tanto. La inspiración para este capítulo me vino hace apenas unos días, tras meses de ni tocar esta novela. Ahhhhhhhgh. Tengo la esperanza de que no me cueste tanto para el siguiente, pero quién sabe. Una de mis otras novelas me tiene absorvida completa y redondamente-Si les pica la curiosidad, pásense: www.mementomorinovela.blogspot.com-, pero trataré de enfocarme un poco más en esta. Espero que no haya resultado siendo una basura xD

Y bueno, em... tenía algo más que decir, pero se me ha olvidado ;$

-Pao

jueves, 9 de mayo de 2013

Capítulo Veintisiete.

"And now I´m told that this is life
And pain is just a simple compromise
So we can get what we want out of it
If someone cared to classiffy
Our broken hearts and twisted minds
So I could find
Someone to rely on
And run to them, to them
Fullspeed ahead
Oh, you are not useless
We are just...
Misguided Ghosts...
Travelling endlessly."

-Misguided Ghosts, Paramore.


-¿Por qué las peores cosas le pasan a las mejores cosas, Zoe?-preguntó Chainne cuando los sollozos le permitieron hablar.

Estaban sentadas en una pequeña parte de la "playa", unos metros más adelante de donde los demás habían instalado su campamento.

-No lo sé.-respondió Zoe, mirando hacia el horizonte como si esperara hallar ahí la respuesta.-Las mejores personas no se merecen el sufrimiento de este mundo. Las mejores personas merecen el cielo.

-Probablemente tengas razón...-murmuró Chainne, decaída.

Había pasado su rabia incontrolable y ahora la sumía un cansancio general. Tan general, que estaba cansada incluso de respirar.

Debí haberte traído conmigo, abuelo.-pensó miserablemente. Y, casi como si el viejo Mount estuviera vivo, lo escuchó reir con su carcajada áspera y seca, tan familiar. Chiquilla, he vivido más que suficiente. ¡Ochenta años! Dime si no es bastante para un viejo en estos tiempos.

Chainne sonrió ligeramente y luego frunció el ceño. 

Éstos tiempos.

Sí, definitivamente, destruiría a Mallock. Aunque la Canción Prohibida le cantara: "El cuervo negro volará, y te aplastará", Chainne no le daría ese privilegio a Fersmoth.

Mallock sería suyo.

-Creo que ya deberíamos volver.-dijo Zoe suavemente, señalando la oscuridad que ahora se asemejaba a la de las mismas Tierras de las Sombras.

Chainne asintió.

-Creo lo mismo.

Nadie pronunció palabra cuando las dos chicas volvieron al campamento. Stan y Zhack habían luchado por encender una fogata, poco acostumbrados a hacerlo sin la ayuda de Zoe; mientras que Cydak se reía de ellos, de vez en cuando lanzando miradas consternadas en la dirección de Chainne.

Zoe esbozó una ligera sonrisa al ver el humo, espeso e hiriente.

-Usaron leña verde.-rió en voz baja.

Zhack le dirigió una sonrisa apenada y avergonzada, un poco rojo.

-No  había mucho de donde escoger, toda estaba mojada.-al darse cuenta de lo que había dicho, volvió a ver a Chainne.

La chica ya se había instalado al lado de Cydak, sin rastro de lágrimas en los ojos. No sabrías que había estado llorando si no fuera por ellos-hinchados y enrojecidos.

-Estoy bien.-dijo ella, respondiendo a las miradas inquisitivas de todos. Luego, como queriendo cambiar el tema, añadió.-¿Quién hará la primera guardia?

-Yo.-dijo Stan, quien no había hablado hasta entonces.-Luego Zhack y Zoe. Tú y Cydak pueden dormir.

Comieron tiras de cecina y restos del venado que Cydak había cazado la tarde anterior, acompañado de un té herbal hecho de agujas de pino, algo de maple-una de las principales industrias en las tierras blancas-, y pétalos y hojas de flores cuyo nombre sólo sabían Chainne y Cydak. El viejo ParaMount había sido un boticario. Oh, abuelo, cuánto te extraño.

Cuando terminaron de cenar, Zoe, Zhack, Chainne y Cydak se acostaron a dormir mientras Stan se sentaba en la rama de un árbol para vigilar. Chainne tuvo un sueño intranquilo. Cydak tuvo que tranquilizarla-lo que al final implicó cantarle nanas que se le cantaban a los bebés en las Tierras Negras.

Al amanecer, desayunaron bayas del bosque y té, y después retomaron el camino en silencio. Avanzaron bastante, y cuando el terreno se volvía inseguro, Cydak se encargaba de fortalecerlo. Ya no había más neblina, lo cual era un alivio.

Cruzaron los últimos metros que los separaban de las Tierras de las Sombras sin problema alguno. Los animales parecían querer guarecerse. Un trueno resonó a lo lejos, y Zhack alzó la vista.

-Tormenta.-anunció.

Zoe miraba a todos lados, incómoda.

-Tengo un mal presentimiento. Creo que alguien está-sus palabras se cortaron cuando una flecha de ballesta se clavó en el árbol a su izquierda.-Observándonos.-finalizó, inmediatamente pasando a una posición defensiva.

Estaban bajo ataque.

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Heyyyyy...siento haberme tardado una eternidad en publicar-literalmente. He estado muy ocupada con las tareas, exámenes y eso .-. ¡Pero ya estoy semi-libre! :D

Aunque...también siento que no publicaré por por lo menos una semana a menos que tenga un flash de inspiración xD Con esta historia tengo muchos bloqueos.

-Pao