Todos esperaban, todos esperaban mientras ellos se acercan
Sostenida entre el cielo y el infierno
Mientras ellos están bailando, mientras ellos bailan una y otra vez...
Dios y sus sacerdotes y sus reyes
A su vez en sus caras, incluso se siente el frío, oh… oh
Lo que se da no puede ser olvidado y nunca abandonado
Lo que se da no puede ser olvidado y nunca abandonado”
-Aqualung & Lucy Schwartz, Cold.
Había algo extrañamente fascinante en los
ojos. Expresaban todo sin necesidad alguna de palabras, expresaban todo lo que
su dueño sentía sin que este quisiese que lo supieras. Hacía muchos siglos,
antes del Apocalipsis, que el color de los ojos era algo hereditario. El más
común había sido el café.
Ahora, tus ojos reflejaban tu
personalidad, y personalidades café habían muy pocas.
Los ojos de la chica inconsciente que
Stan había noqueado eran grises. Grises con tono aguamarina y una extraña capa
de luz que sólo podía ser llamada luz de sol sobre ellos. En ese momento, no
expresaban nada más que el vacío de la inconsciencia.
Y era culpa de Stan.
Stan hizo una mueca al sentir una punzada
de ridícula culpabilidad. Era ridículo, verdaderamente ridículo: sólo había
estado siguiendo órdenes. No había razón para arrepentirse. Era su trabajo.
Stan había sido educado para convertirse en un arma: mortal y certero,
esperando sólo a que un dedo presionase el gatillo para disparar la bala. El dedo
pertenecía a Fersmoth, y Fersmoth no podía ser desobedecido.
Jamás.
Por alguna razón, Stan no podía apartar
la mirada de la chica. Era joven: quizá de unos dieciséis años. Su cabello era
castaño y estaba cortado hasta justo hasta abajo del pecho, ni un centímetro
más ni un centímetro menos; y cuando estaba consciente, su rostro mostraba una
fiera determinación y rebeldía difícil de encontrar en estos días. Le resultaba
extrañamente familiar, como si una profunda parte de su ser le dijese que esta
chica era alguien, no sabía quién,
pero alguien a quien debería reconocer.
Alguien familiar.
Su rostro le traía a la memoria el
recuerdo de un rostro amado, y Stan se obligó a enterrar el recuerdo en las
profundidades de su mente, sintiendo un inesperado ramalazo de rencor hacia la
chica.
¿Quién era ella para obligarlo a recordarla?
¿Quién, quién?
Ciertamente, ambos rostros eran casi
idénticos, si exceptuabas la diferencia de edad. Pero Stan no quería
recordarla, oh no. Quería seguir siendo un arma: irrefrenable y manejable y
libre de la necesidad de pensar. Libre de los recuerdos.
Era mucho más fácil así.
Siguió observando la mirada gris e
inexpresiva de la chica a la que había noqueado y traído a las Tierras Negras.
En medio de sus irises grises parecía flotar el recuerdo del ataque: golpes y
puñetazos y ondas de choque y mordidas cuando el cansancio había sido demasiado
para usar la energía.
El recuerdo flotó cada vez más y más a la
superficie, más y más, hasta que en los ojos de la chica fue apareciendo poco a
poco una luz, una consciencia…
Stan aplastó con violencia un botón al
lado de la camilla.
No quería a la chica consciente.
Todavía no.
Fersmoth sería el que la viese
consciente, no él.
Stan observó impasible cómo unas enormes
y delgadísimas agujas se clavaban en puntos clave del cuerpo de la chica,
sedándola por 24 horas más.
Había vuelto a ser un arma, y se
aseguraría de no dejar de serlo por un buen tiempo.
Pasaron muchos años antes que la llave
destrozara la jaula en la que vivía Zoe Brook. Años en los que aparentó ser
normal, años en los que siguió su vida como si apoyase al Emperador.
Como si no estuviera conspirando en su
contra.
Al principio, fue vigilada. Zoe ignoró a
los Agentes que la seguían casi imperceptiblemente durante el día a día.
Esperando. Esperando a que ella les diera una razón para matarla.
Zoe nunca la dio.
Nunca.
Siguió esperando, planeando, conspirando,
hasta que la oportunidad llegó.
El día en que finalmente escapó inició
como cualquier otro.
Zoe se levantó, se puso su máscara, su
uniforme, y acudió a la Asamblea de ese día. Se reunió con los otros ciudadanos
en la plaza, los observó intercambiar quedos y estrictamente formales saludos.
Nadie saludó a Zoe.
Desde el Cambio, Zoe había quedado sola.
Y así había seguido, como una loba sin manada. Sola, independiente.
Se paró en el puesto asignado a las
chicas huérfanas de dieciséis años y esperó. Como lo había hecho siempre,
esperó, calculando. Midiendo su oportunidad.
El Supremo Emperador Mallock avanzó al
podio, y la Asamblea comenzó.
-Queridos Ciudadanos, bienvenidos a un
nuevo día.-saludó, con una sonrisa seca y fría y calculadora y dominante en su malvado rostro. Tras él estaban parados los
Vigilantes, los ojos tras cada cámara de seguridad en las Tierras Blancas, como
una deliberada muestra de poder.-Hoy, como saben, es un día muy especial. El
aniversario del día en que yo me alcé con el poder y les otorgué una vida a los
restos del Apocalipsis. Les otorgué un lugar en el cual vivir: Las Tierras
Blancas. Un día histórico como este no debe ser desperdiciado. Como parte de
las celebraciones, el trabajo resumirá una hora antes de lo normal y daremos
inicio a la Conmemoración.
Zoe podría haber terminado el discurso
por simple memoria: era lo mismo cada 11 de noviembre. Siempre lo mismo,
siempre.
-“Para recordarles que dependen de mí
para vivir en este mundo post-apocalíptico, serán encadenados. Para mostrarles
que el poder es algo necesario, atestiguarán como nuestros Agentes los examinan
en busca de errores. Para demostrar que la perfección es imperativa, el más
mínimo error será castigado.”-arremedó Zoe sin pronunciar nada en realidad,
formando las palabras con una mueca burlona.
La mirada de un Agente recayó sobre su amarga
sonrisa mientras las palabras de Mallock hacían eco por las calles vacías y
pedregosas, entrando y saliendo por los oídos de los ciudadanos. Zoe estaba en
medio de la multitud, por tanto, su castigo no llegó en ese momento. Ni después.
En realidad, el castigo fue para Mallock.
Un terrible y brutal golpe a su orgullo
en lo que debería haber sido una exhibición deliberada de poder.
En el cuidadamente perfecto reino de
Mallock, Zoe Brook era una bomba radiactiva. Radiaba rebeldía, respiraba imperfección.
Su espalda lucía incontables marcas de látigo, producidas unas porque su
cabello era demasiado largo y otras porque su blanco uniforme ya no era tan
blanco.
Ese Día de la Conmemoración, su
imperfección fue aterradora. Como siempre, los ciudadanos fueron encadenados a
la Plaza mientras grabaciones “reales” sacadas de las partes del mundo que ya
no eran civilizadas rugían en sus oídos. Sus ojos estaban vendados, las cadenas
los volvían impotentes, y el terror del mundo exterior los dominaba. Si
gritaban, eran castigados. Si lloraban, también.
Ese año, Zoe se sentía poderosa y fuerte
y finalmente libre. Le daba igual que todavía no hubiese escapado. Se sentía
feliz de una manera oscura y casi histérica, y la risa escapó de su boca con un
sonido burbujeante que resaltó contra los rugidos de las criaturas en la
grabación.
¿Qué sucedía si reías en el Día de la
Conmemoración? También eras castigada. El dolor en la espalda de Zoe se sintió
morbosamente reconfortante, y cuando la venda de sus ojos fue removida, su
mirada brillaba con la histeria de la esperanza, de la loca esperanza que la
impulsaba.
No se presentó a la Hoguera, oh no. Ese
año no vió cómo los libros encontrados eran quemados, cada diario, cada
fotografía, cada muestra de inútil creatividad que los ciudadanos intentaban
esconder sin llegar a lograrlo.
Zoe Brook se deslizó entre las masas de
gente vestida de blanco y desapareció como un fantasma.
La Muralla era una enorme barrera
asquerosamente blanca que encerraba las Tierras Blancas como una cúpula. Era
imposible de escalar, imposible de romper, imposible de destruir.
A menos, claro, que tuvieses una llave.
Y Zoe la tenía.
Se sintió tentada a reírse mientras se
deslizaba entre las Puertas. La estructura de la Muralla era sencilla: una
Puerta que daba a un espacio repleto de trampas, sin cielo abierto, sin gente a
la vista, que le daba a quien sea que intentase escapar una esperanza que sería
de inmediato aplastada. La Segunda Puerta, si lograbas llegar, era la libertad,
y era la Puerta a la que la llave estaba destinada.
La Primera Puerta estaba abierta al
público, como una más de las deliberadas demostraciones de poder de Mallock. Zoe
la abrió sin necesidad de usar la llave y colocó un escudo de energía a su
alrededor. Había robado un arma especialmente para la ocasión, una brillante
pistola plateada que estaba ansiosa por
utilizar, y que acarició sonriente antes de salir disparada por el Espacio
Aparentemente Vacío.
Una ventaja del escudo de energía era que,
si eras lo suficientemente rápida, te permitía pasar a través de las trampas
antes de siquiera activarlas. Una desventaja, era que cada bala que chocaba
contra él le restaba energía al portador, en este caso, Zoe.
Los Agentes apostados en las torres de
Vigilancia comenzaron a disparar de inmediato, y Zoe se dio el gusto de
responder. Era rápida, muy rápida, y había llegado a la Segunda Puerta con el
escudo prácticamente intacto y la llave en mano. Abrió la Puerta, lo que
accionó una serie de seguros que fueron rápidamente desbloqueados. Una alarma
comenzó a sonar, y gas fue liberado. Zoe se cubrió la nariz y boca con un
pedazo de tela, y salió.
No podría recordar todos los detalles de
su Gran Escape ni aunque quisiera, pero, antes de siquiera pudiese percatarse,
estaba en el medio del gran y desconocido bosque.
Libre.
Era libre.
El bosque era frío y oscuro a su
alrededor, y la palabra pasó por la mente de Zoe sin que esta pudiera
procesarla. Seguía sola, pero libre.
¿Libre? ¿Libre, en realidad?
El rápido ritmo de su correr fue
disminuyendo con el shock de la inesperada libertad a su alcance. Libre, libre,
libre. Repitió la palabra en su mente, quiso probar su sabor en la lengua.
-Libre.-respiró, y al sonido jadeante de
su voz le siguió una delirante carcajada.-Libre. ¡Libre!
Pronto, esa carcajada se convirtió en un
histérico estallido de hilaridad y contento y alivio, y Zoe comenzó a girar y
bailar en el bosque.
Había imaginado el gran momento varias
veces, pero a la hora de las horas, no fue como lo había esperado.
Fue mejor.
Fue peor.
No tenía nadie con quien compartir su
alegría, pero en ese momento no le importó. Los fantasmas de sus seres queridos
nunca la dejarían. Rió y rió y rió, escribió la palabra “Mallock” en el suelo
con una ramita y escupió en ella, riendo y haciéndole gestos obscenos e
insultándole mientras aplastaba el brazalete que la proclamaba como “Ciudadana
Número Z01246 de las Tierras Blancas" con la culata de su pistola.
No debería haberse relajado tan pronto.
Debería haber permanecido vigilante.
Pero no lo hizo. Estaba demasiado
abrumada por la enormidad de la libertad conseguida.
En medio del campaneante sonido de su
propia risa, otra risa destacó. Grave. Ronca. Masculina. Extraña.
La alegría de Zoe se transformó de
inmediato en pasado, absorbida por el terror que llegó con la aparición de un
hombre con un uniforme negro y una gran pistola colgando de su cadera.
El escudo en su pecho no era el de
Mallock, pero eso no supuso ningún alivio.
En el mundo post-apocalíptico que era
ahora la Tierra, existían dos Gobernantes. Uno: Mallock. Otro: Fersmoth.
Uno era peor que el otro, lo cual era
decir mucho.
Una tonadilla fue lo único que pasó por
la mente de Zoe en el medio de su terror helado.
Fersmoth, Fersmoth, vete lejos,
Fersmoth, Fersmoth, de este lugar,
Come niños, come viejos,
Fersmoth, Fersmoth, fuera de acá
De los dos Emperadores, Fersmoth era el
sanguinario líder de las Tierras Negras cuya estela de terror llegaba incluso
al territorio de su hermano.
El hombre con su escudo en el pecho
avanzó, y Zoe fue golpeada con una terrible certeza.
Libertad. Sólo era una palabra. Libertad:
Estado o condición en el que no se está sujeto a un poder extraño o autoridad.
Era sencillamente una palabra, una que hace cientos de años todo ser humano en
la Tierra había dado por sentada.
Libertad.
Sentada en el medio de una sala de
hospital y aplastada por el peso de una terrible pérdida-una vez más, una vez
más-, Zoe Brook se preguntó si alguna vez podría llegar a probarla.
Había creído que sí, que lo haría, que
rompería sus cadenas y escaparía junto a su hermano y cuñada, y que juntos se
reirían de las desgracias pasadas y harían lo que quisieran y gritarían y
bailarían y serían libres.
Pero eso era pasado. Punto. Otro
capítulo. Otra vida. Otro futuro.
Otra esperanza.
Un ridículo sueño, eso era todo lo que
había sido. Como el sueño de una mariposa atrapada en un frasco, de lograr
quebrar a golpes el cristal y volar libre. Zoe había pasado toda su vida
encerrada en un frasco, golpeando y golpeando y golpeando, teniendo la ridícula esperanza de que algún día quebraría
el cristal y escaparía.
Una amarga risa escapó de su boca. Había
creído que lo lograría, había estado segura de ello. Pero nadie podía engañar
al Emperador, y ahora su única familia estaba muerta y Zoe estaba sola.
Completamente, terriblemente, sola.
Su corazón se hinchó de odio una vez más,
un odio que había empezado como un odio infantil semejante al que le tenías al
monstruo debajo de tu cama y había evolucionado hasta convertirse en algo
completamente cierto, terrible y profundo y verdadero, como un fuego rugiendo desde
su corazón y quemándola entera.
Como un incendio, inició como una chispa
y luego arrasó todo a su paso hasta que todo lo que quedó fueron cenizas.
Zoe era ceniza. Una chica de ceniza con
sólo una pequeña chispa agonizante como corazón.
Sus ojos siguieron mirando al blanco
vacío que la había rodeado desde la captura de Bram, su hermano. Todo lo que
tenía. Todo lo que le quedaba.
Y, hace apenas unas horas, todo lo que ya
no tenía.
La terrible imagen imaginaria de su
hermano colgando de una horca la asaltó de nuevo, y Zoe la expulsó de su mente
con una violenta patada.
No podía llorar.
No mientras él la estaba viendo.
El tiempo pasó como arena deslizándose
por sus dedos. Lento, rápido, imperceptible. Zoe no sabía cuánto tiempo llevaba
sedada, cuánto tiempo hacía desde la muerte de su hermano, cuánto tiempo desde
que lo poco que tenía le fue arrebatado. No sabía nada.
Para ella era una era distinta cuando una
señora desconocida llegó y la sacudió fuera de su letargo. Zoe no respondió.
Siguió mirando al vacío.
-¡Ven!-exclamó la señora, exasperándose
rápidamente.-¡Chica, despierta! ¡Eh!-frustrada, lanzó su mano contra la mejilla
de Zoe.
El golpe resonó por la habitación blanca
y el dolor explotó como esquirlas quebrándose en el rostro de Zoe. La chica
parpadeó, saliendo de su ensimismamiento.
En otra era, la cachetada la hubiese
enfurecido. Quizá incluso hubiese respondido al golpe.
Pero no en esta era.
Zoe sólo miró a la mujer, su rostro
carente de expresión. Como un papel en blanco, esperando ser devuelto a la vida
con el toque de una pluma.
-¿Qué?-preguntó, su voz destrozada y
ronca como el sonido de un violín con las cuerdas rotas.
-Vamos. Al orfanato.
Ah. El orfanato. Así que ese era el
siguiente paso en la ahora vacía vida de Zoe Brook.
Dejó que la mujer la guiara fuera del
hospital, mientras se permitía perderse en el fondo de su muerte. Todo lo que
veía eran sombras, todo lo que oía eran gritos, y blanco, mucho blanco,
demasiado blanco. En las Tierras Blancas, resultaba imposible escapar al
blanco.
Ni siquiera prestó atención a su
habitación comunitaria cuando la mujer la dejó en ella. Se sentó en ella. Se
hizo un ovillo. Intentó olvidar. No pudo.
Los días siguieron pasando sin ningún
incentivo para que Zoe saliese de su mente. Vivía como un títere, movida por
las cuerdas del Supremo Emperador, despertándose, comiendo, yendo a clase,
trabajando, comiendo una vez más y luego durmiendo.
Hasta esa noche.
La noche que marcaría el fin de Zoe la
Títere.
El rostro que la despertó estaba lleno de
dolor. Agonía. Como la que Zoe sentía en el corazón cada día que se levantaba. El
rostro no era un rostro común. Poseía unos bellos y enormes e inocentes ojos
azules, piel blanca y estructura delicada, enmarcada por largos mechones
dorados.
Zoe salió de su ensimismamiento casi de
inmediato, avivada por el reconocimiento.
El rostro pertenecía a Mailanee. Su
cuñada. El gran amor de su hermano. Su cómplice en el crimen de intentar
escapar.
Alrededor de ellas, todas las huérfanas
de la habitación comunitaria estaban profundamente dormidas. Mailanee estaba
vestida con el uniforme reglamentario de las Tierras Blancas-un horrendo traje
blanco. La miró con vehemencia, sus ojos nadando en agonía y las vetas
plateadas en ellos resaltando como para marcar la ausencia de su alma gemela.
-Zoe.-susurró.-Sígueme.
Ella se levantó sin decir palabra.
Mailanee la llevó al baño, que cerró con llave tras cerciorarse de que nadie
las veía. Metió la mano al escote de su blusa, de donde sacó una larga tira de
cuero de la que colgaba un pendiente.
No cualquier pendiente. Una llave,
pequeña y delgada y cristalina y marcada con el escudo de Mallock el Supremo
Emperador de las Tierras Blancas.
-Ten.-dijo Mailanee, entregándosela.-Escapa.
Cumple el sueño.
Esa noche, Zoe dejó de ser cenizas. La
chispa de su corazón creció como un incendio, ardiendo con el clamor del odio y
el dolor y la venganza.
Gritando libertad.
Como un caos, un caos que se convertía en
una sinfonía de determinación y rebeldía.
¡Oh hey, queridos lectores! Sólo quiero dar un aviso. Debido a las enormes complicaciones que esta historia me trae, voy a reescribirla. Siento que podría haberle sacado mucho más jugo a la idea del que le saqué, así que la voy a reescribir casi por completo. O sea, capítulos editados, trama quizá un poquitín cambiada, un prólogo y cambio de nombre. El nuevo nombre será "Caótica Sinfonía"; y lo cambié porque Deja Que Las Llamas Comiencen es muy largo y no le queda tanto. Por el momento, admirad la portada, luego subiré el prólogo y el capítulo uno.
Este blog no será borrado, y tampoco las entradas. A partir de hoy cada capítulo relativamente nuevo será etiquetado con la etiqueta "Caótica Sinfonía", que indicará que es la nueva y mejorada versión. Espero les guste, y no olviden comentar ;)
"I love the way that your heart breaks With every injustice and deadly fate Praying it all be new And living like it all depends on you Here you are down on your knees again Trying to find air to breathe again Only surrender will help you now" -Again, Flyleaf. Zoe y Zhack se colocaron espalda contra espalda, Chainne y Cydak hicieron lo mismo. Stan se quedó a la delantera, apuntando su pistola al lugar de donde la flecha había salido. -¿Quién anda ahí?-demandó. Tal y como esperaba, no hubo respuesta. En vez de eso, se oyó un ruido de movimiento proveniente de las hojas en el árbol a su izquierda. Todos apuntaron sus armas hacia esa dirección, exceptuando a Zoe. Su instinto de supervivencia era muy potente, y en ese momento le decía que no apuntara hacia ahí. Justo como pensaba que sucedería, una flecha salió disparada en dirección a la cabeza de Cydak, y Zoe la quemó de inmediato. Al percatarse de ello, Zhack lanzó un potente rayo hacia el lugar de donde salió la flecha, quemando un hoyo en el árbol y prendiéndolo en un fuego blanquecino. Se oyó un siseo: la atacante acababa de ver su plan frustrado. Vieron un flash de cabello negro cuando huyó, y Zoe extendió el fuego hacia ella pese al riesgo de crear un incendio forestal. De repente un tornado se levantó alrededor del grupo, causando que se apretujaran más unos contra otros debido a la fuerza del viento. Zhack contempló la posibilidad de abrir un camino a través de él usando un rayo, pero pronto la descartó sabiendo que no sería efectivo. -¿Amigos o enemigos?-se oyó una voz femenina, ligeramente chillona debido al esfuerzo por hacerse escuchar. -¡Eso depende!-respondió Zoe a gritos. -¿Con los Emperadores, o la Libertad?-preguntó entonces la atacante. Cydak apuntó su arco hacia ahí, e iba a disparar hasta que Stan lo detuvo. -¡Con la Libertad!-respondió. Inmediatamente, el viento cesó y una cabeza se asomó boca abajo entre el follaje. Era una mujer, alrededor de la edad de Stan, con el pelo negro amarrado en un trenza enrollada alrededor de la cabeza, la piel blanca y unos inverosímiles ojos multicolor. Sonreía ampliamente. -¡Excelente! Hacía tiempo que no llegaban rebeldes. Bajó del árbol con gracilidad y le extendió la mano a Stan. Los ojos de ambos brillaron de tal modo al encontrarse, que alertaron a Zoe y Chainne. -Soy Silah. Silah Meraz, un placer.-dijo la antes-atacante. -Soy Stan Brook.-se presentó el tío de Zoe, procediendo a presentar a los demás.-Ella es mi sobrina Zoe, ella es Chainne ParaMount, y esos dos son Cydak Hill y Zhack. Los ojos de Silah se entrecerraron en dirección al último. Sólo los miembros de la Realeza carecían de apellido. -¿Sólo Zhack? ¿No será... de la Realeza?-su mano se iba acercando más y más a su ballesta con cada palabra. Percibiendo la amenaza ante el evidente odio de Silah hacia la familia de Zhack, Zoe improvisó. -Zhack Brook. Estamos casados.-soltó, tomando la mano de su pareja. Zhack trató de no mostrar sorpresa, pero en el interior estaba prácticamente boquiabierto del shock. Silah no parecía tragársela. Su mirada acusadora pasó de Zhack a Zoe. -No puedes tener más de dieciséis, niña.-espetó.-¿Por qué estarías casada? -¿Por qué no habría de estarlo?-ella alzó la barbilla desafiantemente.-Una amiga se casó a los catorce. Eso, por supuesto, era una reverenda mentira. Zoe nunca había tenido amigos fuera de su familia, pero podía mentir con facilidad. -Ella dice la verdad.-intervino Stan. -No mencionaste que ese "Zhack" fuera tu sobrino.-objetó Silah. -Lo es. Pero no le gusta admitirlo.-Stan forzó una risa burlona bastante creíble. Aun sin creérsela del todo, pero dispuesta a esperar y ver, Silah asintió con lentitud. -Muy bien, pues. Si son rebeldes,los llevaré a la Guarida. ----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Ya sé lo que pensarán... "O_O ¿Mis ojos me están engañando? ¿Ha actualizado? ¡Al fin!" Créanme, pienso lo mismo. Odio tardarme tanto. La inspiración para este capítulo me vino hace apenas unos días, tras meses de ni tocar esta novela. Ahhhhhhhgh. Tengo la esperanza de que no me cueste tanto para el siguiente, pero quién sabe. Una de mis otras novelas me tiene absorvida completa y redondamente-Si les pica la curiosidad, pásense: www.mementomorinovela.blogspot.com-, pero trataré de enfocarme un poco más en esta. Espero que no haya resultado siendo una basura xD Y bueno, em... tenía algo más que decir, pero se me ha olvidado ;$ -Pao
"And now I´m told that this is life And pain is just a simple compromise So we can get what we want out of it If someone cared to classiffy Our broken hearts and twisted minds So I could find Someone to rely on And run to them, to them Fullspeed ahead Oh, you are not useless We are just... Misguided Ghosts... Travelling endlessly." -Misguided Ghosts, Paramore. -¿Por qué las peores cosas le pasan a las mejores cosas, Zoe?-preguntó Chainne cuando los sollozos le permitieron hablar. Estaban sentadas en una pequeña parte de la "playa", unos metros más adelante de donde los demás habían instalado su campamento. -No lo sé.-respondió Zoe, mirando hacia el horizonte como si esperara hallar ahí la respuesta.-Las mejores personas no se merecen el sufrimiento de este mundo. Las mejores personas merecen el cielo. -Probablemente tengas razón...-murmuró Chainne, decaída. Había pasado su rabia incontrolable y ahora la sumía un cansancio general. Tan general, que estaba cansada incluso de respirar. Debí haberte traído conmigo, abuelo.-pensó miserablemente. Y, casi como si el viejo Mount estuviera vivo, lo escuchó reir con su carcajada áspera y seca, tan familiar. Chiquilla, he vivido más que suficiente. ¡Ochenta años! Dime si no es bastante para un viejo en estos tiempos. Chainne sonrió ligeramente y luego frunció el ceño. Éstos tiempos. Sí, definitivamente, destruiría a Mallock. Aunque la Canción Prohibida le cantara: "El cuervo negro volará, y te aplastará", Chainne no le daría ese privilegio a Fersmoth. Mallock sería suyo. -Creo que ya deberíamos volver.-dijo Zoe suavemente, señalando la oscuridad que ahora se asemejaba a la de las mismas Tierras de las Sombras. Chainne asintió. -Creo lo mismo. Nadie pronunció palabra cuando las dos chicas volvieron al campamento. Stan y Zhack habían luchado por encender una fogata, poco acostumbrados a hacerlo sin la ayuda de Zoe; mientras que Cydak se reía de ellos, de vez en cuando lanzando miradas consternadas en la dirección de Chainne. Zoe esbozó una ligera sonrisa al ver el humo, espeso e hiriente. -Usaron leña verde.-rió en voz baja. Zhack le dirigió una sonrisa apenada y avergonzada, un poco rojo. -No había mucho de donde escoger, toda estaba mojada.-al darse cuenta de lo que había dicho, volvió a ver a Chainne. La chica ya se había instalado al lado de Cydak, sin rastro de lágrimas en los ojos. No sabrías que había estado llorando si no fuera por ellos-hinchados y enrojecidos. -Estoy bien.-dijo ella, respondiendo a las miradas inquisitivas de todos. Luego, como queriendo cambiar el tema, añadió.-¿Quién hará la primera guardia? -Yo.-dijo Stan, quien no había hablado hasta entonces.-Luego Zhack y Zoe. Tú y Cydak pueden dormir. Comieron tiras de cecina y restos del venado que Cydak había cazado la tarde anterior, acompañado de un té herbal hecho de agujas de pino, algo de maple-una de las principales industrias en las tierras blancas-, y pétalos y hojas de flores cuyo nombre sólo sabían Chainne y Cydak. El viejo ParaMount había sido un boticario. Oh, abuelo, cuánto te extraño. Cuando terminaron de cenar, Zoe, Zhack, Chainne y Cydak se acostaron a dormir mientras Stan se sentaba en la rama de un árbol para vigilar. Chainne tuvo un sueño intranquilo. Cydak tuvo que tranquilizarla-lo que al final implicó cantarle nanas que se le cantaban a los bebés en las Tierras Negras. Al amanecer, desayunaron bayas del bosque y té, y después retomaron el camino en silencio. Avanzaron bastante, y cuando el terreno se volvía inseguro, Cydak se encargaba de fortalecerlo. Ya no había más neblina, lo cual era un alivio. Cruzaron los últimos metros que los separaban de las Tierras de las Sombras sin problema alguno. Los animales parecían querer guarecerse. Un trueno resonó a lo lejos, y Zhack alzó la vista. -Tormenta.-anunció. Zoe miraba a todos lados, incómoda. -Tengo un mal presentimiento. Creo que alguien está-sus palabras se cortaron cuando una flecha de ballesta se clavó en el árbol a su izquierda.-Observándonos.-finalizó, inmediatamente pasando a una posición defensiva. Estaban bajo ataque. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Heyyyyy...siento haberme tardado una eternidad en publicar-literalmente. He estado muy ocupada con las tareas, exámenes y eso .-. ¡Pero ya estoy semi-libre! :D Aunque...también siento que no publicaré por por lo menos una semana a menos que tenga un flash de inspiración xD Con esta historia tengo muchos bloqueos. -Pao